
El prodigio se produjo cuando nos disponíamos a almorzar. Comenzó a llover, a los pocos segundos se sintieron golpes como de canicas que caían del cielo. Iban del tamaño de una alverja al de una cereza grande. Una horda de gélidas valquirias cabalga hacia nosotros lanzando proyectiles de hielo. Fuego graneado, ataque de maléficas deidades desatadas, injusta ira celestial contra las humanas esperanzas cifradas en sementeras, huertas y jardines. Habrá durado 20 minutos, oleadas sucesivas en el transcurso de las cuales el agua iba sustituyendo a las balas congeladas. La mayor granizada que hayan visto mis ojos en siete décadas se convirtió en un fuerte aguacero, cuyo caudal inundó patios, calles y zaguanes, puesto que el hielo y los restos de vegetales obstruían los desagües.
Granizo, la palabra es capaz de contener al fenómeno, haciendo patente que el lenguaje contiene al mundo. Parece derivar de grano, pero esa es una de las llamadas “etimologías populares”, en realidad provendría de una sonora onomatopeya indoeuropea que sonaba algo así como “grnd”. Vicio de escritor, y no el peor, averiguar el origen del vocablo, mientras que el meteoro que describe le destroza la casa…
Curioso evento atmosférico el pedrisco, que así también se llama, no es un primo de la nieve, de la cual parece una versión sólida y destructiva. Es una entidad paradójica, siendo helado es causado por el calor. Desde mares, ríos y humedales, el sol evapora el agua que se eleva hacia capas de la atmósfera que permanecen en el punto de congelación. Allí el vapor se condensa en agua y finalmente en hielo. Si la combinación se repite, el tamaño de las pelotitas heladas crece llegando a alcanzar el tamaño de la cabeza de un bebé. Por eso se prevé que el calentamiento global producirá más granizadas. Se dan en los cielos de todo el mundo, pero en las tierras bajas de las zonas tropicales se derriten al atravesar la cálida atmósfera inferior.
Los procesos climáticos son causados por complejas combinaciones de factores, cuya comprensión aún nos es limitada. Por eso los humanos atribuyeron su control a divinidades que había que aplacar con sacrificios y ritos. Cuando los dioses se fueron nos quedamos sin respuestas, no bastaban los algoritmos del caos, había que buscar culpables. La posibilidad, parcialmente probada, de que la contaminación por emisiones de carbono era la causa, permitió acusar a industriales y políticos de la eventual catástrofe. Perfecto, hay que apretarles los grilletes. ¡Pero la producción cae! ¡El crecimiento se detiene! Bueno, vamos a aflojarles un poco.
Todavía los resultados de las políticas contra el calentamiento arrojan resultados magros. Si con ello no logramos detener a los asesinos dioses del clima, una disminución significativa de toda forma de contaminación será siempre bienvenida. No podemos tenerlo todo a la vez, no se puede mantener sociedades que otorgan cierta prosperidad basada en deudas a futuro, porque requerirán que las siguientes generaciones aumenten su población y eso no se consigue sin alterar los ecosistemas y con ellos, el clima. Es la manera de entrar en una espiral insostenible que no tardará en hundirnos en un impredecible caos. (O)



