
En un país como Ecuador, expuesto a la actividad sísmica, la prevención no puede quedarse en discursos ni activarse únicamente después de una tragedia. Debe traducirse en edificaciones técnicamente seguras, ciudadanos preparados y decisiones responsables antes de que la tierra tiemble.
El riesgo no depende únicamente de la intensidad del movimiento. También influyen las características del suelo, el diseño y la construcción de las edificaciones, su mantenimiento y la capacidad de las personas para actuar ante una emergencia. Por eso, prepararnos no puede ser una reacción tardía: debe comenzar mucho antes de que ocurra un sismo.
La seguridad empieza en los espacios donde vivimos y trabajamos. Identificar posibles peligros, asegurar muebles y objetos que puedan caer, mantener despejadas las salidas y establecer un punto de encuentro familiar son acciones sencillas que pueden marcar la diferencia. También es importante contar con una mochila de emergencia y acordar cómo comunicarse con familiares.
Desde la ingeniería, debemos insistir en la importancia de construir conforme a criterios técnicos y recurrir a profesionales competentes cuando existan dudas sobre la seguridad de una edificación. Las ampliaciones sin asesoría especializada y las intervenciones que alteran elementos estructurales pueden incrementar la vulnerabilidad. Una grieta no constituye por sí sola un diagnóstico; la evaluación debe realizarla un profesional.
En un sismo, la recomendación general es agacharse, cubrirse y sujetarse, protegiendo la cabeza y el cuello, y alejándose de ventanas y objetos que puedan caer. Salir corriendo no siempre es la opción más segura. Tras el movimiento, es necesario evaluar el entorno, seguir las indicaciones oficiales y evacuar si existen daños o peligros, sin regresar a edificaciones hasta que se determine que es seguro.
La respuesta también depende de nuestra responsabilidad colectiva. Mantener libres los accesos para los equipos de emergencia, evitar la difusión de rumores y ayudar sin exponernos son acciones que contribuyen a una atención más eficaz. La preparación debe involucrar familias, instituciones, gobiernos locales, profesionales de la construcción y los organismos de respuesta.
Con este propósito, la Universidad Espíritu Santo, a través de su Facultad de Ingeniería, realizó el evento “El sismo: los primeros minutos cuentan”, para acercar el conocimiento técnico a la ciudadanía. Las exposiciones sobre vulnerabilidad de las edificaciones, protección, evacuación y respuesta inicial, junto con el panel de especialistas y la presentación de un decálogo de acciones prioritarias, buscaron convertir la información en decisiones prácticas.
La universidad tiene la responsabilidad de contribuir a una sociedad mejor preparada, compartiendo conocimientos útiles para la comunidad.
No podemos evitar que ocurra un sismo, pero sí podemos reducir nuestra vulnerabilidad. Las edificaciones seguras y las comunidades preparadas no se construyen únicamente con normas y materiales: requieren planificación, educación y compromiso. La prevención comienza hoy y es una responsabilidad de todos. (O)



